18 junio, 2011

Conflicto de género en Yerma, de Federico García Lorca

En esta obra de los años ’30, se trata de un tema muy relevante respecto a una obligación social de esa época: la maternidad. A diferencia de la época actual en la que tener hijos no es el “deber” de nadie, en ese tiempo toda mujer sentía esa presión. Lo que vemos en la obra es que Yerma desea profundamente tener hijos, sin importar qué deba hacer, pero siempre manteniendo su honor, rechazando la infidelidad rotundamente. De esta manera, vemos que es una mujer poco común en varios sentidos, y que, de cierta manera, esa rareza la lleva a su desdicha.

El tema principal que se tratará es el problema de género, es decir, el choque entre las acciones de Yerma y aquellas que debería llevar a cabo (o no) según su rol social como mujer.

En primer lugar, y como aspecto mas importante en la obra, tenemos la infertilidad. En el contexto de la obra, una mujer infértil es casi vista como obsoleta, inútil, una mujer que ya no lo es tanto. Yerma, con sus ansias de maternidad, sufre mucha angustia ante esta situación, ya que se siente más que preparada para ser madre:

“Pienso que no es justo que yo me consuma aquí. Muchas noches salgo descalza al patio para pisar tierra, no sé por qué. Si sigo así, acabaré volviéndome mala.”

En esta cita se utiliza el simbolismo de la tierra como paralelismo a la fertilidad, a la vida. Más tarde reutiliza la piedra como oposición. Esto lo dice hablando con María, su amiga, que está embarazada sin ansiarlo demasiado, y que se siente asustada, de modo que para Yerma representa una injusticia, y es un hecho que le hace sentir aún más afectada por su situación. Respecto a esto, podemos concluir que María, hablando de fertilidad, sigue el rol de mujer, y Yerma, si bien en contra de su voluntad, no lo sigue.
Otro aspecto en el que la actitud de Yerma contrasta con el modelo social es la sexualidad. En la primera discusión con Juan en la obra, Yerma afirma:

“Yo conozco muchachas que han temblado y que llevaban antes de entrar a la cama con sus maridos, ¿Llore yo la primera vez que me acosté contigo? ¿No cantaba al levantar los embozos de holanda?”

Es decir, Yerma desea tener relaciones con su marido, por el deseo de tener hijos, se entrega completamente a su marido y más adelante en la obra incluso le reclama la falta de sexo, pero siempre por su hijo, como le dice a La Vieja, que en la obra representa la sabiduría de la experiencia:

“[..] Yo me entregué a mi marido por él (por su hijo), y me sigo entregando para ver si llega, pero nunca por divertirme.”

Así, vemos como en ese sentido, Yerma sí sigue el modelo social, ya que si bien se entrega a su marido, al avanzar la obra se niega a la propuesta de La Vieja de acostarse con su hijo para alcanzar la maternidad, ya que para la protagonista, el honor está sobre todo lo demás. Al decidir esto, ella encaja perfectamente en “lo que debería ser” pero contrasta con “lo que normalmente se hace”, ya que en el contexto de la obra es común que las mujeres con maridos infértiles los engañaran para tener hijos. Yerma rechaza completamente esta posibilidad y se mantiene fiel a Juan.

Por último, Yerma posee un carácter muy activo. Ella sale de su casa constantemente a pesar de las órdenes de Juan, que finalmente le pide a sus hermanas que cuiden de ella, siendo éstas personajes que contrastan la vitalidad de Yerma con su aire moribundo y sombrío. Además, este rol activo se demuestra también en el momento que ella decide pedirle ayuda a Dolores por medio de La Vieja, es decir, porque ella toma acción en lugar de escuchar a Juan, quién le repite que se encuentran bien sin hijos. Además, como dicho anteriormente, Yerma toma la iniciativa con respecto a Juan, tanto sexualmente como en demostraciones de afecto:

“Yerma: (en un arranque y abrazándose a su marido): te busco a ti. Te busco a ti, es a ti quien busco día y noche sin encontrar sombra donde respirar [..]”

Juan es pasivo respecto a estas demostraciones, excepto en la escena final, en la que anuncia que el no desea tener hijos.

La muestra más clara del rol activo de Yerma se encuentra en su acción final, es decir, al darle muerte a su marido, en el momento en que su dolor se volvió tan intenso que no pudo soportarlo. Esa fue su decisión, de modo que no esperaría nunca más a su hijo, y no tendría que vivir con su ilusión constante. Así, de matar a Juan, grita:

“[..]¿Qué querías saber? No os acerquéis, porque he matado a mi hijo, ¡Yo misma he matado a mi hijo!”

En conclusión, la situación de Yerma la incapacita para cumplir su rol social como mujer, pero ella lo prefiere a perder su honor. Su personalidad ya de por sí activa se vuelve cada vez mas frenética al sufrir su profundo dolor al no poder cumplir su deseo de tener hijos, y esa angustia es la que finalmente explota en el desenlace de esta obra.